El GR-223 abraza Menorca con un collar de arena, roca y memoria. Tramos suaves atraviesan pasarelas, pinos y miradores sobre praderas de posidonia que oxigenan el Mediterráneo. Entre torres defensivas y calas como Macarella o Pregonda, el sol pide salidas tempranas y siestas valientes. Señalización clara, buses útiles y playas serenas facilitan avanzar sin prisa. Lleva agua generosa, respeto por las dunas y curiosidad por cada barraca de pescadores, donde el tiempo aprende a respirar más lentamente.
El GR-223 abraza Menorca con un collar de arena, roca y memoria. Tramos suaves atraviesan pasarelas, pinos y miradores sobre praderas de posidonia que oxigenan el Mediterráneo. Entre torres defensivas y calas como Macarella o Pregonda, el sol pide salidas tempranas y siestas valientes. Señalización clara, buses útiles y playas serenas facilitan avanzar sin prisa. Lleva agua generosa, respeto por las dunas y curiosidad por cada barraca de pescadores, donde el tiempo aprende a respirar más lentamente.
El GR-223 abraza Menorca con un collar de arena, roca y memoria. Tramos suaves atraviesan pasarelas, pinos y miradores sobre praderas de posidonia que oxigenan el Mediterráneo. Entre torres defensivas y calas como Macarella o Pregonda, el sol pide salidas tempranas y siestas valientes. Señalización clara, buses útiles y playas serenas facilitan avanzar sin prisa. Lleva agua generosa, respeto por las dunas y curiosidad por cada barraca de pescadores, donde el tiempo aprende a respirar más lentamente.